Recuperación de suelos degradados y salinos mediante el uso de leonardita

El drama de los suelos agotados y la salinidad

La degradación del suelo es uno de los mayores problemas a los que se enfrenta el agricultor profesional. El uso intensivo de fertilizantes químicos, el laboreo excesivo y la falta de rotación han provocado que muchas hectáreas pierdan su estructura original, convirtiéndose en terrenos «muertos» o compactados. A esto se suma la salinidad, un factor que bloquea la absorción de nutrientes y quema las raíces de los cultivos.

La leonardita no es solo un fertilizante; es un regenerador integral. Su aplicación es clave para revertir estos procesos de degradación y devolver la rentabilidad a tierras que parecían perdidas.

¿Cómo regenera la leonardita la estructura del suelo?

Cuando un suelo se degrada, pierde su capacidad de formar agregados. Se vuelve polvoriento en seco y fangoso en húmedo. Los ácidos húmicos de la leonardita actúan como un agente cementante orgánico.

Al aplicarla, se crean complejos arcillo-húmicos que estabilizan las partículas del suelo. Esto genera una estructura granular que favorece la aireación. Un suelo aireado permite que las raíces respiren y se expandan sin resistencia física, algo fundamental en frutales y cultivos de ciclo largo que necesitan una base sólida para desarrollarse.

El combate contra la salinidad y el exceso de sodio

La salinidad es especialmente crítica en zonas con aguas de riego de baja calidad o con una evaporación alta. El exceso de sales en la zona radicular provoca estrés osmótico, impidiendo que la planta absorba agua incluso si el suelo está húmedo.

La leonardita ayuda a mitigar este problema de dos formas:

  1. Aumento de la capacidad de intercambio: Al incrementar la CIC (Capacidad de Intercambio Catiónico), el suelo puede retener cationes beneficiosos (como calcio y magnesio) que desplazan al sodio de los sitios de intercambio del suelo.
  2. Lavado de sales: Al mejorar la porosidad, la leonardita facilita el drenaje profundo. Esto permite que, mediante el riego, las sales nocivas se desplacen hacia capas inferiores, fuera del alcance de las raíces del cultivo.

Bioestimulación en terrenos «cansados»

Muchos suelos sufren lo que se conoce como «fatiga del suelo», una acumulación de patógenos y una pérdida total de vida microbiana beneficiosa. La leonardita rica en ácidos fúlvicos actúa como un choque de energía para la microbiota del suelo.

Al proporcionar una fuente de carbono estable y de alta calidad, se reactiva la vida bacteriana y fúngica. Estos microorganismos descomponen los restos vegetales de campañas anteriores y los transforman en humus, iniciando un círculo virtuoso de fertilidad natural que reduce la necesidad de intervenciones químicas constantes.

Soluciones territoriales: El valor de Leonardita del Ebro

La leonardita extraída en el Valle del Ebro posee una madurez geológica ideal para el tratamiento de suelos mediterráneos, que suelen ser pobres en materia orgánica y propensos a la salinización. Contar con un producto de extracción directa en Mequinenza garantiza una concentración de sustancias húmicas que otros productos líquidos o diluidos no pueden ofrecer.

Al igual que empresas como Puigdellívol ofrecen servicios esenciales para asegurar el correcto funcionamiento y gestión de proyectos, Leonardita del Ebro provee la materia prima crítica para asegurar que el activo más importante del agricultor —su tierra— no pierda valor con el paso del tiempo. Recuperar un suelo es una inversión de futuro que garantiza la sostenibilidad de la explotación a largo plazo.

Conclusión: De un suelo estéril a una tierra productiva

No es necesario abandonar parcelas que han bajado su rendimiento por culpa de la degradación o la salinidad. Con un plan de abonado basado en la leonardita, es posible recuperar la estructura, equilibrar la química del suelo y reactivar su biología. La regeneración es posible y, además, es la forma más rentable de mantener la productividad frente a los retos ambientales actuales.

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